ÍNDICE
Resumen y palabras clave...................................................................................pág 2
Abstract y key words..........................................................................................pág 3
Introducción........................................................................................................pág 4
Material y métodos..............................................................................................pág 8
.
Discusión.............................................................................................................pág 9
Conclusión...........................................................................................................pág 18
Bibliografía..........................................................................................................pág 19
RESUMEN
Las fracturas corono-radiculares son el tipo de traumatismo dentarios menos frecuente, en las que se encuentran afectadas el esmalte, la dentina y en ocasiones la pulpa, y tienen su mayor prevalencia en el incisivo central superior.
La causa más frecuente son los traumatismos directos, aunque también pueden deberse a tratamientos endodónticos defectuosos o prótesis de dientes endodonciados mal ajustadas.
Un buen diagnóstico de estas fracturas es imprescindible para su posterior tratamiento, aunque en ocasiones los signos clínicos no estén bien definidos, o que dichas fracturas no se manifieste en las pruebas radiológicas en un principio. Diversos autores propugnan distintos tratamientos dependiendo de la dirección de las líneas de fractura, su profundidad y la afectación o no del tejido pulpar, siendo necesaria en la mayoría de los casos un abordaje multidisciplinar.
Una de las mayores complicaciones de estos dientes fracturados es la necrosis, que se localiza en un alto porcentaje de los casos, las reabsorciones inflamatorias, las obliteraciones del conducto pulpar y la anquilosis.
PALABRAS CLAVE
Fractura corona radicular, ferulización, reposición, tratamiento endodóntico, extrusión forzada
ABSTRACT
The crown-root fractures are the kind of less frequent dental trauma, in which there are affected the enamel, the dentine and sometimes the pulp, and have its greater prevalence in the superior central incisor.
The most frequent cause is the direct trauma, although also endodontics treatments or crown over endodontics teeth can be due to defective badly fit.
A good diagnosis of these fractures is essential for its later treatment, although the clinical signs or are sometimes not defined, or that these fractures are not pronounced at first in the radiological tests. Diverse authors advocate different treatments depending on the direction of the lines of fracture, their depth and the affectation or of the weave not to pulpar, being necessary in most of the cases a multidisciplinary approach
One of the greater complications of these fractured teeth is the necrosis, that is located in a high percentage of the cases, inflammatory reabsortions, root resorption and ankylosis.
KEY WORDS
Crown-root fracture, fixation, reposition, endodontic treatment, forced eruption
INTRODUCCIÓN.
Una fractura corono-radicular es un tipo de fractura en la que están comprometidos el esmalte, la dentina, el cemento y en ocasiones la pulpa, clasificándose según su implicación o no, en complicadas o no complicadas.
En estas, la línea de fractura se inicia en la corona y termina en bisel, muy próxima a la cresta ósea alveolar o por debajo de ella, y según su trayectoria puede haber compromiso pulpar o no (1).
Este tipo de fracturas supone un 5% de los traumatismos dentales en la consulta odontológica, siendo el tipo de traumatismo menos frecuente en contraposición con el de corona no complicada que es el más frecuente, presentándose en un 40,4% de los casos (2). El grupo anterosuperior el que mayor prevalencia de traumatismos presenta, de éstos, en un estudio realizado por autores (3), se demostró que el diente con más índice de fracturas es el incisivo central superior.
La etiología de las fracturas corono-radiculares a nivel anterior es debida a traumas directos o indirectos, siendo los primeros los que se presentan con mayor frecuencia, mientras que en el sector posterior son debidas a fracturas cuspídeas generalmente en dientes endodonciados por falta de recubrimiento cuspídeo (2).
Dentro de estas prevalencias, cabe destacar la mayor incidencia de casos de fracturas en niños y adolescentes, incrementándose en caso de varones (4). Esto es debido a la forma de vida de los mismos, estando más expuestos a golpes, caídas en bicicleta, peleas, etc. Pese a esta observación, hay autores que señalaron una incidencia también significativa en pacientes mayores (5).
Para Meister (6), la principal causa de la fractura vertical de la raíz, es la fuerza aplicada a los condensadores durante la técnica de condensación lateral de obturación del conducto. Tamse reporta que otra causa puede ocurrir por una instrumentación mesiodistal excesiva durante la fase de preparación y deshidratación de la estructura dentaria después de la terapia endodóntica.
Dang y Walton incluyen como causas de fractura vertical de la raíz el debilitamiento del diente por el uso de pernos excesivamente anchos o roscados, la corrosión de estos y la presión en la raíz durante su colocación. Moraes verificó que el 82% de los dientes con fractura vertical estaban asociados a la presencia de pernos intraconducto.
La deshidratación del diente despulpado puede predisponerlo a las fracturas, así como la perdida de las crestas marginales de la corona dental. La protección de cúspides de dientes endodonciados y la ausencia de trauma oclusal son condiciones imperativas para evitar la fractura vertical de la raíz.
Dentro de las fracturas radiculares, la mas frecuente es la del tercio medio 57%, seguida del tercio apical 34% y por último del tercio coronal 9% (3).
Los dientes con fractura radicular muestran una tendencia a preservar la vitalidad. Se cree que el área fracturada proporciona una vía de escape para el líquido del edema y permite que la circulación colateral proveniente del ligamento periodontal contribuya a preservar la vitalidad pulpar. Se ha observado que solo un 20-40% de los dientes con raices fracturadas evolucionan hacia una necrosis pulpar del fragmento coronal, quedando con vitalidad el fragmento apical en la mayoría de los casos. (7). Por otro lado, según otros autores (3), esta frecuencia aumenta hasta un 100% si se trata de fracturas corono-radiculares en caso de estar afectada la pulpa.
Aunque la presencia del tejido pulpar no es esencial para la curación de la fractura radicular, dichos tejidos son preferibles a la presencia de un material extraño en la zona de la fractura, derivado de un precipitado tratamiento endodóntico. Se ha observado que las fracturas radiculares que mantienen la vitalidad pulpar curan en un 77% de los casos (7).
El porcentaje de dientes que mantienen la vitalidad pulpar tras una fractura corono-radicular, aumenta en caso de tratarse de dientes inmaduros con ápice abierto, favoreciendo de esta manera la circulación a través del mismo (8).
El diagnóstico de estos casos puede ser clínico, radiológico, quirúrgico o midiendo el flujo sanguíneo.
-Clínico:
Para Pitts y Natkin, Stewart y Moraes (6) los signos clínicos comúnmente asociados a la fractura vertical de la raíz son:
• Bolsa periodontal infraósea estrecha y profunda.
• Abscesos agudos periodontal y periapical.
• Fístula.
• Sensibilidad al masticar.
• Palpación y presión apical.
En la ispección visual, no siempre es fácil identificar una fractura corono-radicular. Durante la palpación es notoria la movilidad y desplazamiento parcial de uno de los fragmentos, por lo general el menor, lo que denuncia la presencia de una fractura (1). Una prueba complementaria para confirmar dicho diagnóstico es la observación radiográfica del diente en cuestión.
-Radiográfico:
El exámen radiografico es revelador cuando la fractura se encuentra en dirección vestíbulo-palatina. En las demás situaciones no ofrece contribución adicional aparte de informar sobre el estadío de desarrollo radicular. Por el contrario, en las fracturas maesiodistales, cuando la incidencia de los RX es perpendicular a la línea de fractura, es muy común que esta no aparezca. La proximidad entre los fragmentos, muchas veces mantenidos en su lugar por las fibras periodontales, también dificulta su obtención radiográfica (1).
En caso de fracturas radiculares, Andreasen (4) considera que la fractura será visible sólo si el rayo central es dirigido dentro de una desviación máxima de 15-20 grados del plano de la fractura. Así, si se detecta una línea radiolúcida en una radiografía, deberán tomarse dos radiografías periapicales adicionales, una primera con una angulación aumentada en 15 grados a la original y una segunda con una angulación negativa de 15 grados a la original.
Fractura complicada Fractura no complicada
Distintas proyecciones y su relevancia en el diagnóstico radiológico
-Quirúrgica:
Por otra parte, autores señalan que en ocasiones el diagnóstico se realiza de manera quirúrgica intencionada o casualmente (6).
-Medición del flujo sanguíneo:
Recientemente, Ebihara y cols (4) propugnan el uso de la medición del flujo sanguíneo mediante láser doppler, como método para la evaluación del flujo sanguíneo pulpar en los dientes con fractura radicular, que nos orientará sobre el tratamiento a seguir. Esta método de exploración diagnóstico puede ser de gran ayuda en las raices fracturadas, aunque actualmente su uso no esta muy desarrollado.
MATERIAL Y MÉTODOS:
1. Hemeroteca de la Universidad Complutense de Madrid.
2. Hemeroteca de la Universidad Europea de Madrid.
3. Revistas consultadas:
a. Dental traumatology.
b. Endodoncia.
4. Libros consultados:
a. Endodoncia, técnica y fundamentos. Soares y Goldberg.
b. Odontopediatría. J.R. Boj y cols.
5. Internet: Taumatismos dentales.
6. Fotos obtenidas de libros e internet.
DISCUSIÓN:
La curación de las fracturas corono-radiculares o radiculares de los dientes se realiza por medio de la formación de tejidos de diferente origen histológico entre ambos fragmentos, es decir, en la línea de fractura (3) como pueden ser:
-Cemento y tejido calcificado (hueso).
-Tejido conectivo denso.
-Hueso y tejido conectivo.
-Tejido inflamatorio sin curación, tejido de granulación.
Andreasen (9) trató 208 fracturas radiculares con reposición del fragmento desplazado y ferulización durante 1-3 meses dependiendo del nivel de fractura y la movilidad. Se observó que:
• 33% de las fracturas cicatrizaron con interposición (fusión) de tejido duro calcificado.
• 8% de los dientes curaron con tejido duro junto con tejido conectivo.
• 36% curaron con tejido conectivo únicamente.
• 23% se vió interposición de tejido inflamatorio sin curación.
De este estudio deducimos que el 77% de los casos mostraron una buena cicatrización y el 23% una falta de la misma. Este estudio se puede relacionar con el realizado por Feely y cols. (8), en el que en un estudio de 34 dientes con fractura radicular, el 79.4% de los casos cicatrizaron de una forma óptima y el resto con una cicatrización nula, así mismo se notó la presencia de una radiolucidez en la línea de la fractura en un 17.6% de los casos. La causa de esta radiolucidez es debido a tejido contaminado que no se ha podido remover o por tejido contaminado que se expulsa al espacio que existe entre los dos fragmentos.
Interposición de tejido duro calcificado
Interposición de tejido conectivo
Interposición de tejido de granulación
Interpretación radiográfica de los diferentes tipos de cicatrizacion:
Magnuson (4) analizó estos fenómenos reparativos, no desde el punto de vista histológico sino radiológico, observando que el curso de la reparación de las fracturas radiculares, varia de unos casos a otros, pero reconoce tres tipos de reparaciones:
• Tipo 1: La línea de fractura es invisible o apenas discernible, y no existe un redondeamiento periferico de los bordes fracturados.
• Tipo 2: Los fragmentos están separados por una estrecha línea radiolúcida y existe un marcado redondeamiento periferico de los bordes fracturados.
• Tipo 3: Los fragmentos se encuentran separados por un puente óseo bien definido.
Este autor observa en la mayoría de las fracturas una reparación tipo 2 y muy raramente de tipo 3.
Montero (7) interpreta una cicatrización por interposición de tejido conectivo entre los fragmentos o bien de tejido conectivo y óseo como una visión radiográfica de obliteración parcial en el espacio radicular apical y en el sitio de fractura de una extensión aproximada de 1-2mm en el interior del fragmento coronal. Para que hubiese una cicatrización con interposición de tejido calcificado, que sería lo optimo, los fragmentos deberían estar más aproximados.
-Factores que intervienen en el tipo de curación (9):
1. Desarrollo radicular: Los dientes inmaduros presentan mayor probabilidad de curación con respecto a los dientes maduros. Asimismo, la cicatrización por interposición de tejido duro sucede antes en dientes con raices inmaduras.
2. Dislocación del fragmento coronal y espacio entre fragmentos: existe mayor frecuencia de cicatrización y de que esta sea con tejido duro calcificado en dientes que no presenten dislocación de sus fragmentos frente a dientes on dislocación. La distancia entre fragmentos se ha de tener en cuenta antes de la ferulización pero la cicatrización con tejido duro no depende de este factor.
3. Sensibilidad pulpar: Preservar la vitalidad pulpar en el momento de la lesión aumenta considerablemente la posibilidad de cicatrización.
4. Reposicionamiento: Una correcta reposición del fragmento móvil es determinante para una cicatrización óptima.
5. Ferulización: La ferulización en si misma no revela ningúna mejora en la cicatrización, pero se ha encontrado que en dientes no ferulizados la curación por medio de la interposición de tejidos duros es más frecuente. Esto implica que la consolidación de tejido duro en la raíz se da mejor bajo un estrés funcional, algo que va en contra de la filosofía del tratamiento actual. Tampoco hay estudios que revelen que una ferulización mejore el pronóstico en dientes dislocados o no.
6. Tipos de ferulización: No existe diferencia significativa entre ferulizar los dientes con una funda de resina u oro, o un aparato de ortodoncia, aunque la cicatrización con tejidos duros en este último caso es el doble de frecuente. Esto puede ser debido a que los alambres permiten un ligero movimiento, y que el ajuste y la presión de la corona puedan ejercer efectos adversos en la línea de la fractura.
7. Momentos y periodos de ferulización: Existen estudios (10) donde se demuestra que se obtienen mejores resultados ferulizando el diente traumatizado antes de una hora pasada desde el traumatismo, aunque para Andreasen se puede ferulizar hasta una semana después del traumatismo. Hoy en día el periodo de ferulización recomendado estriba entre 1 y 3 meses, aunque hay que tener en cuenta las particularidades de cada caso. Idealmente, la cicatrización de los fragmentos se producirá por unión de los mismos, esto se consigue ferulizándolos lo antes posible.
Para Magnuson (4) en caso de fracturas radiculares con reducción de los fragmentos y fijación del fragmento coronal a los dientes adyacentes durante 2-3 meses, aproximadamente en el 80% de los casos se conserva la vitalidad pulpar y presentan fenómenos de reparación. Caliskan y Pehlivan observaron que estos valores disminuian hasta un 59% si no ferulizaban.
-Abordaje terapéutico ante dientes con fracturas corono-radiculares (1):
Las conductos clínicas para estos casos son muy variables y dependen de la dirección y profundidad de la fractura cervical.
En los casos en que hay exposición pulpar, la preocupación mayor está en remover o conservar la pulpa creando así condiciones optimas para poder tratar la pulpa. Cuando el diente está formado por completo es aconsejable realizar la pulpectomía, pues eso facilitará los procedimientos posteriores.
El nivel periodontal de la fractura es uno de los factores determinantes en la elección de la conducta clínica.
En casos en los que la fractura se localiza muy cerca de al margen gingival y hay buena adaptación a los fragmentos, el pegado por medio de resinas adhesivas es una conducta muy satisfactoria. Inclusive en algunos casos en los que la línea de fractura se localiza 3-4mm subgingival, el pegado de los fragmentos aporta resultados optimos. En estos casos, el tiempo transcurrido entre la remoción y la recolocación del fragmento coronario parece ser un punto crucial. Después de retirar la porción coronaria y de conservarla en suero fisiológico es preciso realizar el tratamiento endodóntico. El fragmento se rehubicará lo antes posible. Para Soares y Goldberg el reimplante del fragmento después de un tiempo prolongado no produce buenos resultados. En este caso, resulta imprescindible la evaluación durante años posteriores de la terapéutica realizada, en especial en el área del límite cervical de la fractura y su relación con el ligamento periodontal.
El uso del fragmento original para restaurar la corona en una fractura corono-radicular, presenta diversas ventajas sobre la restauración del composite (2,15) como pueden ser:
1. La técnica es generalmente más rápida, económica y menos complicada.
2. Es una restauración más estética, ya que se conserva la traslucidez y contornos del diente original obteniendo una apariencia natural instantánea.
3. El diente restaurado es más resistente a la abrasión y tinción que una restauración de resina.
En algunas circunstancias, es necesario realizar la exposición quirúrgica de la fractura por medio de una intervención adecuada favoreciendo así el aumento de la corona clínica. Con este procedimiento se contribuirá a la reconstitución del espacio biológico por debajo del límite cercvical de la fractura, posibilitando el mantenimiento de la salud periodontal (16).
Cuando la fractura compromete el espacio periodontal por vestibular, estaría indicada la osteotomía de la pared vestibular, lo cual tiende a provocar secuelas estéticas irreversibles. En estos casos, si hay condiciones anatómicas favorables en cuanto al alveolo y al remanente dental, está indicado el trasplante intraalveolar. El diente se extrae, se gira 180 grados y se reimplanta en la posición y altura adecuadas al caso (17). De este modo, la fractura se situará subgingival por palatino y si es necesaria su exposición quirúrgica, no tendrá repercusión en la estética. En ciertos casos la pieza puede extraerse en parte y reposicionarse a la altura deseada, procediendo inmediatamente después a su contención con una férula semirígida a los dientes adyacentes durante aproximadamente 2 semanas y realizando el ajuste oclusal. Los posibles peligros de esta tecnica es una mala selección del caso, fractura de la raíz o lesionar el ligamento periodontal excesivamente. Este último caso es debido al desecamiento de la superficie de la raíz en el tiempo extraoral de la manipulación pudiendo darse el caso de reabsorciones inflamatorias, que son las responsables de la lesión combinada perio-endo, esto es, las cavidades de la reabsorción exponen túbulos dentinarios que están en comunicación con la pulpa necrótica comenzando la inflamación del ligamento periodontal. Para evitar esto, durante la manipulación extraoral, se puede sumergir la raíz en suero salino incrementando el tiempo.
Otra alternativa terapéutica en caso de estar comprometida la anchura biológica es la extrusión o tracción ortodóncica del resto remanente, evitando así la exposición del cemento, la hipersensibilidad consecuente y el compromiso estético. Pero hay que tener en cuenta que al extruir el diente, también lo hace el hueso y la encía, perdiendo de esta manera inserción (11).
Heithersay y Ingber (11) consideran la extrusión ortodóncica como el movimiento más fácil y con excelentes resultados y buen pronóstico. Pese a esto, esta técnica no es muy usada por desconocimiento y temor. Esta extrusión puede obtenerse con ortodoncia fija o removible, pero también hay soluciones más estéticas como un gancho conectado al conducto unido a una barra interdental. La fuerza necesaria para la extrusión de una raíz oscila entre 30-60 g, aunque otros autores propugnan una fuerza superior de hasta 70-150 g. Las posibles complicaciones debido a una fuerza prolongada en el tiempo pueden ser: Inflamación pulpar, reabsorción radicular o pérdida ósea o periodontal. Tras la tracción ortodóncica se debe estabilizar el diente entre 7 y 14 semanas aunque Lemon recomienda 1 mes de estabilización por cada mm de extrusión, por otro lado, Simon observó que era necesario un mínimo de 7 semanas para la completa regeneración del ligamento periodontal. Lo fundamental en caso de extrusiones rápidas para evitar la reintrusión del fragmento, es la estabilización del mismo por medio de la ferulización temporal.
En caso de fracturas radiculares complicadas, para Cvek y cols (12) se pueden adoptar distintos enfoques terapéuticos endodónticamente hablando. Estos autores trataron 127 fracturas radiculares de las formas descritas a continuación obteniendo los siguientes resultados:
1. Endodoncia del fragmento coronal con gutapercha. Se obtuvo un 76% de cicatrización. La mayor tasa de fracasos se debió a una sobreobturación.
2. Endodoncia de ambos fragmentos con gutapercha. Se obtuvo un 100% de fracasos debido a un exceso de gutapercha entre los dos fragmentos provocando una gran radiolucidez en esta zona.
3. Endodoncia del fragmento coronal con gutapercha y extracción quirúrgica del fragmento apical. Se obtuvo un 68% de casos con cicatrización y un 10% de los fracasos fueron debidos a infraposiciones por anquilosis. Esta posiblemente se deba al formaldehído que contiene los fármacos con los que fueron tratados ya que producen 10 veces más anquilosis que aquellos sin formaldehído en su composición.
4. Apexificación del fragmento coronal mediante hidróxido de calcio y posterior obturación con gutapercha mientras que el fragmento apical se deja sin tratar. Se consiguió un 88% de cicatrización tras un periodo de entre 7 y 30 meses con hidróxido de calcio. De estos, un 68% de los casos se consiguió un cierre completo de la parte apical del fragmento coronal, el resto un cierre incompleto sin ser esto un factor determinante para la curación tras ser obturado con gutapercha. La tasa de éxito con hidróxido de calcio en fracturas radiculares es similar a cuando se usa en dientes inmaduros y es debido a su poder antibacteriano y la capacidad de promover una barrera de tejido duro, de aquí que se traten de forma similar las fracturas radiculares en dientes no vitales y los dientes inmaduros vitales.
Para el abordaje de fracturas del tercio coronal radicular, Snawder (4) aconseja la eliminación del fragmento coronal y el tratamiento endodóntico del apical. Por otro lado, Magnuson y Andreasen son más conservadores y recomiendan este tratamiento cuando la línea de fractura comunica con el surco gingival; si no es así la actitud terapéutica que preconizan será independiente de la localización de la línea de fractura.
Siempre que la fractura esté localizada por debajo de la cresta alveolar la reducción de los fragmentos desplazados y la inmovilización mediante la ferulización a los dientes adyacentes se realiza durante dos o tres meses.
En los casos en los casos en los aparezca signos de necrosis pulpar, Snawder recomienda el tratamiento endodóntico de ambos fragmentos y el uso de un perno interradiculares que los una.
En dientes en los que no sea posible tratar el fragmento apical Snawder y Andreasen coinciden en la necesidad del tratamiento endodóntico del fragmento coronal controlando con periodicidad el apical para ver si se producen cambios patológicos. En el caso de que existan cambios patológicos en el fragmento apical se sugiere la extirpación quirúrgica del mismo.
Magnuson (4) coincide con el criterio expuesto, pero manifiesta que cuando ocurre la muerte pulpar, ésta se limita casi siempre al fragmento coronal, por lo que restringe el tratamiento endodóntico sólo a este fragmento ya que tras el tratamiento del mismo se observará casi siempre reparación y unión entre los dos segmentos y obliteración del fragmento apical, que es un índice de vitalidad pulpar.
Sin embargo, pese a la multitud de tratamientos posibles en raices fracturadas, se ha visto la preservación de la salud pulpar en estos dientes sin realizar ningún tipo de tratamiento en un 80 % de los casos (10)
Cuando estamos ante una fractura vertical radicular completa en un diente uniradicular, Moares (6) indica como opción terapéutica la extracción del diente y la sustitución por un implante inmediato. De tratarse el mismo tipo de fractura pero en dientes multiradicular , la técnica de hemisección está indicada por la mayoría de los autores exceptuando casos en los que la fractura vertical engloba varios raices, abordándose éstos mismos con la técnica de reposicionamiento apical del colgajo con restablecimiento del espacio biológico. Esta última opción se muestra eficaz y conservadora pues conserva todo el diente
A pesar de la diversificación de técnicas para el tratamiento de las fracturas corono radiculares, cuando éstas alcanzan más de un tercio de la raiz, la extracción es inevitable.
La cantidad de conductas alternativas para el tratamiento de las fracturas coronoradiculares y la inexistencia de estudios que comprueben la superioridad de una técnica sobre otra, dejan bajo la responsabilidad del clínico la selección del procedimiento adecuado. Aún cuando la opción haya sido correcta y a pesar del aparente éxito de algunos casos, conviene que el paciente tome conciencia de las dificultades para formular el pronóstico.
El tratamiento de estas fracturas está sujeto a complicaciones, como pueden ser:
• Obliteración del espacio pulpar: en un estudio realizado por autores se vio que el 75% de dientes con fractura radicular presentan nódulos calcificados que comprometen el espacio pulpar. En estos casos se vieron en radiografias la obliteración de ambos fragmentos por tejido calcificado (10)
• Reabsorciones: una fuerza prolongada en el tiempo, en caso de extrusión ortodóncica puede ocasionar reabsorciones radicular (11,14)
• Movilidad del fragmento
• Anquilosis
• Fracturas: los peligros ante este tipo de fracturas es un mal seguimiento del caso, pudiendo fracturar aún más la raiz o dañar el ligamento periodontal.
• Necrosis: tres factores tienen que ver en el éxito del tratamiento para evitar la necrosis del diente (13):
o Ausencia de infección pulpar desde la encía por buena higiene
o Estado de maduración del diente, siendo más exitoso el tratamiento en dientes inmaduros por presentar un ápice abierto favoreciendo la circulación pulpar
o Edad del paciente, ya que los jóvenes presentan mejor salud general.
Muchos autores afirman que la vitalidad de raices fracturadas varía entre unos meses un dos años (10)
Para autores esta complicación junto a la reabsorción radicular son las más frecuentemente encontradas (4)
• Radiolucidez
Un aspecto importante a tener en cuenta es la posibilidad de movimiento ortodóncico en dientes con fractura radicular cicatrizada. Para Anstending y Kronman (10) en un estudio realizado en 1972 investigaron los efectos del movimiento ortodóncico sobre la pulpa, encontrando cambios pulpares en dientes con ortodoncia. Pese a esto afirmaron que el movimiento ortodóncico en dientes con raiz fracturada es posible siempre que ésta esté siempre reparada. En casos de ausecia de reparación, el fragmento coronal se vería desplazado del apical, variando su angulación.
-CONCLUSIÓN :
Tras la investigación de los diferentes artículos revisados, obtenemos una serie de conclusiones que las detallamos a continuación.
En cuanto a la frecuencia, podemos decir que la fractura corono-radicular es la menos frecuente en traumatología dental correspondiéndole un 5% del total de las fracturas.
Estas fracturas obtienen su mayor prevalencia en el maxilar superior, en concreto en los incisivos centrales, afectando más a los varones dentro de las dos primeras décadas de la vida.
Debemos ser muy precisos en el examen clínico ya que estas fracturas no suelen presentar sintomatología.
En muchos casos se ha demostrado la curación de las mismas sin la aplicación de ningún tipo de tratamiento.
Las fracturas corono-radiculares pueden pasar inadvertidas incluso con un buen estudio radiográfico, siendo necesarias sucesivas revisiones ante la sospecha clínica de la misma, ya que los signos radiográficos inequívocos aparecen a las 2 semanas posteriores al traumatismo. Otro aspecto a tener en cuenta en el exámen radiográfico es la necesidad de realizar distintas angulaciones para descartar la ausencia de fractura o identificar su línea de fractura.
El tratamiento de las fracturas radiculares debe ser siempre lo más conservador posible, limitándonos a inmovilizar el fragmento coronal durante 2-3 meses ( lo suficiente para asegurar la consolidación de los tejidos duros) y realizar durante este periodo controles radiográficos y pruebas de vitalidad con el fin de detectar complicaciones como pueden ser la necrosis pulpar y la reabsorción. En la mayoría de las ocasiones el tratamiento de estas fracturas es multidisciplinar abordando temas quirúrgicos, conservadores, ortodóncicos, periodontales, endodónticos, etc.
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